En casi veintisiete metros cuadrados útiles tenían que vivir EVA y sus dos gatos. Tres ventanas a una calle tranquila, un pequeño balcón y un techo alto servían de comodín para un jeroglífico difícil pero no imposible. Así, su casa es un refugio que lo tiene todo y que fue resuelto tanto milimétrica como flexiblemente, para que aquella superficie inicial nunca resultara tan pequeña como para agobiarla, sino todo lo contrario.




